Del carbón a la soberanía: una conversación que Colombia no puede aplazar
La Cumbre Colombiana del Carbón y Coque 2026, organizada por la Federación Colombiana del Carbón, dejó un mensaje que trasciende a nuestra industria: Colombia necesita pensar su desarrollo energético y productivo desde el pragmatismo, la competitividad y el interés nacional. Durante dos días, representantes del Gobierno, empresarios y expertos nacionales e internacionales debatimos el presente y el futuro de un sector que sigue teniendo mucho que aportar al país.
Bajo el lema “De la ideología a la soberanía”, encontramos total disposición al diálogo por parte del nuevo gobierno. Escuchamos funcionarios técnicos y sensibles a las preocupaciones del empresariado. No hubo promesas -tampoco las esperábamos-, pero sí compromisos: trabajar para recuperar la competitividad, resolver obstáculos a la inversión y restablecer la seguridad jurídica que requieren los proyectos mineros y sus desarrollos industriales, especialmente el coque de exportación.
Nuestro sector llega a este momento después de cuatro años complejos. A las presiones tributarias y regulatorias se sumaron la caída de los precios internacionales, la volatilidad cambiaria, el deterioro de la seguridad, los bloqueos y el aumento de los costos logísticos. Las cifras reflejan el impacto: Colombia pasó de producir cerca de 68 millones de toneladas de carbón en 2022 a alrededor de 51 millones en 2025. Los ingresos por exportaciones de carbón y coque cayeron de cerca de US$12.000 millones a menos de US$5.000 millones en el mismo periodo.
Cuando un país pierde competitividad, no pierde solamente una empresa: pierde empleo, exportaciones, divisas y recursos para sus regiones. También se debilitan los encadenamientos que conectan la minería con el transporte, la metalmecánica, el comercio y la industria.
La discusión, por tanto, trasciende al carbón: se refiere a la capacidad de Colombia para producir, transformar sus recursos y competir. Tenemos una capacidad productiva cercana a 92 millones de toneladas de carbones de excelente calidad, hoy subutilizada. Con condiciones adecuadas, el sector podría volver a generar aportes al Estado superiores a $10 billones anuales. Recuperar esa capacidad exige mejores condiciones tributarias y financieras, competitividad y certeza jurídica; no son privilegios sectoriales, sino condiciones para invertir, generar empleo y contribuir al desarrollo.
También debemos hablar de seguridad energética. Hemos reducido el debate a falsas disyuntivas: ¿carbón o renovables?, ¿petróleo o turismo? Colombia cuenta con agua, sol, viento, gas, petróleo y carbón. La oportunidad está en aprovecharlos de manera inteligente, complementaria y responsable para garantizar energía confiable y competitiva.
En esa conversación, el carbón merece una discusión seria y sin prejuicios. Su aporte a la generación eléctrica ha sido relevante para mantener la continuidad del servicio en momentos críticos, como los vividos en 2024. Y los carbones metalúrgicos y el coque colombiano son insumos de la industria siderúrgica global y reflejan nuestra capacidad de transformar recursos en valor agregado.
La Cumbre reunió más de 620 participantes y 324 empresas. Esta convocatoria confirma que existe una industria dispuesta a contribuir. Desde Fenalcarbón trabajaremos con las entidades del Estado en una agenda que atienda los desafíos fiscales, energéticos y de infraestructura, y promueva la formalización y la diversificación regional. No pedimos privilegios: proponemos construir una agenda de país, con nosotros y no contra nosotros.
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