La ciudadanía mundial esperaba el terremoto electoral en Estados Unidos
Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos generaron un intenso debate a escala mundial del que podemos sacar algunas conclusiones. Después de que los demócratas consiguieran el control de ambas cámaras del Congreso, se espera un impacto en la política interna a tono con las prioridades que la ciudadanía expresó en las urnas.
En lo que va de la administración Trump, la mayoría de los estadounidenses no ha encontrado soluciones reales a sus angustias cotidianas ni eco a su rechazo a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Como era de esperar, los electores castigaron a la Casa Blanca también en temas muy delicados de política exterior, un ámbito en el que el presidente sigue teniendo un inmenso poder.
En efecto, el jefe del Ejecutivo puede seguir librando guerras, pisoteando el derecho internacional y sirviendo a intereses oligárquicos, todo ello arropado en discursos de odio. El resultado de estos comicios evidencia que la gente puede tomar conciencia y ya no se deja engañar como en otros momentos de la historia.
Desde Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que la población brasileña le dio una lección al mundo al reelegirlo, el 25 de octubre, para un cuarto mandato. Brasil anticipó lo que serían los resultados de otras elecciones. En los días siguientes, Netanyahu, en las legislativas israelíes del 27 de octubre, y Trump, en las de medio mandato del 3 de noviembre, vieron cómo en sus propias jurisdicciones se concretaban las palabras de Lula cuando declaró, refiriéndose a lo acontecido en Brasil, que “fue una victoria extraordinaria” del pueblo brasileño. “La población brasileña se levantó y dijo que Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”, dijo.
Se puede afirmar con validez que la victoria de Lula en Brasil fue “una derrota para Estados Unidos” y supuso un contrapeso regional en América Latina, donde se habían impuesto las “nuevas derechas”, opuestas al orden constitucional y apoyadas por el presidente Trump, incluso en sus propias campañas electorales.
Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien es también el negociador principal en el diálogo con Estados Unidos, reaccionó a los resultados en una publicación en X: “Sea por conciencia o por el costo de vida, los estadounidenses dijeron NO A LA GUERRA, y respaldamos este mensaje”. Analistas políticos de la región afirman que Estados Unidos es una fuerza hegemónica y que lo que pasa en ese país trasciende a todo el mundo. Así, tras conocer la victoria demócrata, los líderes en Teherán no anticipan un cambio de la política de Washington hacia Irán, pero ven un mensaje claro contra la guerra.
Por el lado de Israel, aliado de Trump, el primer ministro Netanyahu acaba de ver a su coalición perder la mayoría en las urnas, en las elecciones del 27 de octubre. El líder del partido opositor Los Demócratas, Yair Golán, dijo que la votación estadounidense muestra “lo tóxico que se ha vuelto Netanyahu” tanto para los demócratas como para los republicanos. Añadió que, si continúan Netanyahu y su ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, Israel va “camino a sanciones internacionales, al aislamiento global y a una confrontación con Estados Unidos, nuestro amigo y aliado más importante”.
En España, el presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, aseguró que la aplastante victoria de los demócratas era sintomática del “desmoronamiento” de la extrema derecha a nivel mundial y la comparó con la victoria de Lula da Silva en Brasil. Además, añadió que ese fenómeno “ocurrirá pronto en España”, que celebra elecciones generales el 29 de noviembre. Para Sánchez, “la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen” y contra el odio, el machismo, el negacionismo climático y los privilegios de las élites. El mandatario español concluyó que la “ola ultra” a la que pretenden subirse la derecha y la extrema derecha en España “ya no crece: se desmorona”.
Desde Alemania, el canciller Friedrich Merz dijo que, tras perder el control del Congreso, Trump probablemente lo eludirá mediante órdenes ejecutivas: “Durante los últimos dos años Trump ha gobernado el país sin consultar al Congreso. ¿Por qué habrían de ser diferentes las cosas ahora?”. El diputado conservador Peter Beyer, de la Unión Demócrata Cristiana, comentó: “Creo que podemos estar bastante seguros de que pronto veremos otro ataque conjunto con Israel contra Irán”, porque Trump conserva un poder ejecutivo considerable, y anticipó que el presidente continuará con su política intervencionista hacia Cuba y Venezuela.
Uno de los temas más comentados es el giro del voto latino hacia los demócratas, que castigó a Trump y contribuyó con claridad a expresar la frustración ciudadana. La población de origen hispano ha sido la más afectada por la política de deportaciones que ejecuta el ICE (el servicio de inmigración y aduanas), que de forma violenta ha golpeado la economía y el trabajo de millones de trabajadores latinoamericanos en sectores como la agricultura y la construcción.
Además de la inmigración, la economía, la vivienda, la salud y el futuro de la democracia encabezan sus preocupaciones. Se cierra así una etapa de apoyo de los votantes latinos a Trump, que en la elección presidencial de 2024 lo habían respaldado en una proporción histórica y que ahora se movilizaron para rechazar esa misma política. Se trata de una comunidad de unos 39 millones de votantes habilitados, el segundo grupo más numeroso del electorado estadounidense.
En suma, el nuevo Congreso tendrá que hacer un gran esfuerzo por impulsar una agenda progresista en asuntos como el genocidio en Palestina y los ataques a la educación superior. Le espera, además, un desafío inmediato: mostrarse como el liderazgo audaz y creíble que capturó el imaginario de las mayorías. Sobre sus congresistas estará el escrutinio de quienes los eligieron y esperan cambios a corto plazo, sin contar con que la opinión mundial también los tendrá bajo la lupa.