81 aeronaves, 45 drones Reaper y hasta US$3.300 millones: el balance aéreo de EE.UU. en Irán
El Ejército de Estados Unidos registró entre 81 aeronaves militares que resultaron destruidas y dañadas durante la guerra contra Irán, según un informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) publicado el 5 de octubre de 2026. En detalle, el documento estima que el costo de reemplazo de los equipos afectados se ubica entre 1.900 y 3.300 millones de dólares, según los cálculos de la Oficina de Presupuesto del Congreso. En total, el relevamiento comprende aviones, helicópteros y drones involucrados en las operaciones iniciadas el 28 de febrero.
De este modo, los drones MQ-9 Reaper representan más de la mitad de las aeronaves incluidas en el informe, con 45 unidades. Estos drones, son utilizados para inteligencia, vigilancia y reconocimiento, apoyo aéreo cercano y búsqueda y rescate en combate. La cuantía de las pérdidas pone el foco en el desgaste de un recurso empleado en distintas misiones militares estadounidenses en Medio Oriente.
No solo se encuentran drones en la lista, también hay elementos más costosos, como un caza F-35A y un avión E-3 Sentry, utilizado para el seguimiento de objetivos y mapeo del espacio aéreo. El daño en este último resulta importante por su función y por la disponibilidad limitada de este tipo de plataformas. Según el CRS, el Congreso deberá considerar si las pérdidas de aeronaves escasas y de alta demanda pueden generar brechas operativas o aumentar los riesgos en otros escenarios.
En este contexto, el impacto económico de las pérdidas aéreas se suma al costo general que ya viene acumulando la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. En concreto, el gasto acumulado del conflicto alcanza al menos US$45.000 millones. Esa cifra no incluye una evaluación completa de los daños sufridos por instalaciones militares estadounidenses en la región, incluidas algunas de las bases donde se registraron pérdidas de aeronaves.
Adicionalmente, el informe también plantea interrogantes sobre la información que el Pentágono proporciona al Congreso y sobre la capacidad de la industria de defensa para reparar o reemplazar los equipos afectados. Entre los asuntos que deberán evaluar los legisladores figuran la asignación de fondos, los plazos de reposición y las consecuencias para las ventas militares estadounidenses a socios extranjeros.
El balance, por lo tanto, no se limita al costo material de las aeronaves. Las pérdidas de sistemas especializados afectan a la disponibilidad de capacidades militares en otros teatros de operaciones. Aunque Estados Unidos no haya perdido su capacidad de operar en esas regiones, sí se identifica una interrogante estratégica para Washington: cómo sostener las operaciones en Medio Oriente y, al mismo tiempo, preservar los recursos necesarios para cumplir sus compromisos militares en otros escenarios.