La ola azul en Estados Unidos pone a prueba la cercanía de América Latina con Donald Trump
“Trump se puso en nuestra contra”, le dijo el ciudadano Benny Meléndez desde Texas al medio británico The Guardian: “Nos convirtió en blanco de las operaciones del ICE, así que decidimos castigarlo votando en contra de su partido. Y eso fue lo que pasó”. Apoyó a Trump en 2024, bajo la promesa de mejorar la economía y hacer más segura la frontera con México, pero dos de sus primos y cerca de 15 de sus trabajadores fueron arrestados y deportados, y entonces su voto del martes se tiñó de azul. La indignación de sentirse atacado, de ver que “se…
“Trump se puso en nuestra contra”, le dijo el ciudadano Benny Meléndez desde Texas al medio británico The Guardian: “Nos convirtió en blanco de las operaciones del ICE, así que decidimos castigarlo votando en contra de su partido. Y eso fue lo que pasó”. Apoyó a Trump en 2024, bajo la promesa de mejorar la economía y hacer más segura la frontera con México, pero dos de sus primos y cerca de 15 de sus trabajadores fueron arrestados y deportados, y entonces su voto del martes se tiñó de azul. La indignación de sentirse atacado, de ver que “se están llevando” a familiares y amigos, lo llevó a darle la espalda al republicano y a ser parte de ese grupo de latinos que estuvo detrás de su derrota histórica.
No fue la lealtad la que los llevó a transformar el mapa político de Estados Unidos, fue la frustración la que los impulsó a sufragar en contra del gobierno. Así lo escribió el consultor político para el Partido Demócrata, Chuck Rocha, en una columna de opinión en The New York Times: “Tres preguntas marcaron las elecciones de mitad de mandato para los votantes hispanos: ¿por qué las cosas son tan caras? ¿Cómo puedo ganar más dinero? ¿Cuál es mi futuro en Estados Unidos?”. Y ahí, entre esas dudas, demostraron “de forma inequívoca que son el bloque indeciso indispensable en nuestro sistema político”. Sin ser parte de un grupo homogéneo, compartieron la indignación por lo difícil que es hacer rendir un sueldo hasta fin de mes, por el incremento del precio del combustible por la guerra en Irán, por cómo los aranceles están encareciendo la comida y por el acoso del ICE, y tradujeron eso en las urnas.
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Los demócratas, además, supieron aprovechar eso con anuncios de televisión en español, con campañas de medios digitales en ese mismo idioma y enviando correos bilingües a los votantes hispanos, enfatizando, en palabras suyas, que “los republicanos estaban en el poder y eran directamente responsables de los problemas económicos de los estadounidenses”. La tarea, sin embargo, no terminó el martes, y eso pasa por seguir generando conversaciones sobre sus preocupaciones, entre ellas la política de migración, la salud, la asequibilidad y las oportunidades, sobre todo teniendo en cuenta que, como lo revelaron unas estimaciones preliminares de Times Voter Trends, los demócratas obtuvieron el 69 % del voto hispano.
Pero así como los latinos quebraron el mapa político de Trump, y llevaron a los demócratas a controlar la Cámara de Representantes y el Senado, además de ganar gobernaciones como la de Texas, el próximo Congreso estadounidense, mayoritariamente en oposición, se enfrenta a una América Latina que, con un giro hacia la derecha, se ha alineado a la política exterior del jefe de la Casa Blanca. Ahí en lo internacional, donde ahora él podría tener un mayor margen de acción, siguiendo las prioridades que marcó desde el inicio de su segunda presidencia, incluyendo la migración y el narcotráfico, se espera más fiscalización del presupuesto destinado a ello, tanto de lo que ha sucedido hasta el momento como de lo que vendrá en los próximos años.
Y es que el voto latino marcó asuntos interesantes, que incluso se vieron en cierta medida en las recientes elecciones de Brasil, en las que fue reelecto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y eso tiene que ver con que se venía de un discurso en el que “la extrema derecha estaba ganando todo, sin importar dónde ni cuándo”, aseguró Carolina Cepeda, profesora del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana: “Eso mostró que no siempre van a ganar como quieren y donde quieren, y eso simbólicamente tiene mucho peso. Eso debe encender las alertas en los gobiernos alineados con Trump”, como el de Colombia con Abelardo de la Espriella, “no porque vaya a haber un cambio sustancial en la política exterior estadounidense, sino porque tienen que empezar a prever desde ya qué puede pasar con las elecciones presidenciales” en el país norteamericano.
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La política es un péndulo, recordó, por su parte, Eduardo Gamarra, profesor de política y relaciones internacionales, quien también mencionó que el Congreso tiene control sobre el presupuesto y puede investigar desde cómo se condujo la guerra contra Irán, cómo se llevó a cabo el ataque con el que fue derrocado Nicolás Maduro y qué ha pasado con el acuerdo petrolero con Venezuela. “Hay muchas oportunidades de fiscalización sobre lo que ha hecho el presidente en materia internacional”, agregó el también director del Foro de Opinión Pública Latina de la Universidad Internacional de Florida, quien no dejó de mencionar que Pete Hegseth, secretario de Defensa, se enfrenta a la amenaza de un juicio político, como lo ha documentado la prensa estadounidense en los últimos días: “Sin embargo, eso no niega que Trump aún tiene una enorme capacidad de acción unilateral. Si no le informó al Congreso republicano, menos lo va a hacer con un Congreso demócrata”.
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Solo en junio de este año, el Legislativo aprobó USD 70.000 millones para financiar la ofensiva migratoria de Trump, destinados a las operaciones del ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, dando así fondos adicionales a los USD 170.000 millones incluidos en la ley presupuestaria del mandatario republicano. Ahí es donde, según Gamarra, hay un espacio de fiscalización y de control sobre él, con posibles audiencias en el Congreso para cuestionar a la agencia migratoria y al Departamento de Seguridad Nacional. Sin olvidar, por ejemplo, que los ataques perpetrados contra embarcaciones en el Pacífico y el Caribe, de las cuales el gobierno estadounidense no ha dado pruebas de que estén involucradas en actividades de narcotráfico, también podrían dar lugar a algo parecido, teniendo en cuenta que organismos defensores de derechos humanos han hablado de ejecuciones extrajudiciales. Un estudio publicado en la página web de la Universidad de Brown reveló que el gasto de las operaciones militares en Venezuela, el Caribe y el Pacífico ascendió a USD 4.700 millones solo entre el 1° de agosto de 2025 y el 31 de marzo de 2026.
“Va a haber investigaciones sobre estos bombardeos, no hay duda de que eso va a suceder, pero las audiencias, que pueden generar cobertura mediática, no necesariamente generan acción”, explicó Gamarra. Es decir, esa fiscalización no implicaría por sí sola una moderación en el uso de la coerción y de la fuerza. Su llamado, entonces, es a que los gobiernos latinoamericanos, sobre todo aquellos alineados con Trump, no solo entiendan quién es el presidente, sino también el Congreso, que es el que decide sobre el dinero.
El caso de Venezuela muestra algo de eso, agregó Cepeda: “La cercanía de algunos sectores de la oposición (el de María Corina Machado) con el Partido Republicano hizo imaginar que tal vez estaríamos ante un cambio de gobierno, pero no es así. Ellos aprendieron, de una forma dura, que las alianzas con Trump tienen caducidad, pues solo funcionan en la medida en que responden a sus objetivos de política exterior”.