"Siento que esto es como un secuestro": los venezolanos que se aĆslan en sus casas en Doral por miedo a las redadas migratorias de ICE
MarĆa* tiene un tic en el ojo derecho. Desde que los agentes de ICE aparecieron en las calles de Doral, ese movimiento involuntario se volvió casi constante, hasta que un dĆa sintió que la mitad de su rostro se paralizaba.
Doral es uno de los 34 municipios del condado de Miami-Dade, en el sur de Florida, y durante siete aƱos ha sido el hogar de MarĆa, su esposo y sus hijas.
TambiĆ©n es la ciudad con la mayor población venezolana de Estados Unidos y una de las mĆ”s custodiadas durante los Ćŗltimos meses por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglĆ©s), en medio de la promesa del gobierno del presidente Donald Trump de ejecutar el mayor operativo de deportación en la historia del paĆs.
Con un caso de asilo pendiente, esta mujer venezolana de 52 años cambió su rutina para minimizar la posibilidad de toparse con patrullas de ICE en las esquinas de Doral, temerosa de ser detenida si las autoridades vinculan su estatus migratorio con la placa de su auto.
"Nosotros pedimos asilo afirmativo y el caso nunca cambió de estatus porque no hemos tenido ni siquiera la entrevista. Pero el caso estÔ activo", explica.
Asilo afirmativo significa que MarĆa solicitó voluntariamente esta protección. Las leyes vigentes establecen que ella y su familia deberĆan estar protegidos contra la deportación mientras esperan la decisión de un juez o de un oficial de migración sobre su caso.
Pero desde que ICE se llevó a su primo en Orlando en junio, pese a que tambiĆ©n tenĆa un caso de asilo afirmativo, MarĆa siente que el riesgo de deportación es elevado.
En un esfuerzo por conservar su trabajo, solo sale a la calle para ir a la oficina. Dejó de caminar por el parque cercano, abandonó sus clases de baile y no volvió a asistir a reuniones sociales.
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Cada vez que una madre de la escuela se ofrece a llevar a su hija a clases, MarĆa acepta agradecida. Suele ser otra mujer venezolana que dispone de ciudadanĆa estadounidense y busca a los niƱos de otras familias que tambiĆ©n se sienten amenazadas.
"Todo este año he estado muy asustada. Mis pasos estÔn súper restringidos, no estoy haciendo ninguna actividad extracurricular. Ya no puedo mÔs con esto, no me estoy sintiendo bien", cuenta en una llamada telefónica.
Antes de salir de casa, revisa portales como iceout.org o cuentas que reportan noticias de Doral para verificar si hay reportes del lugar exacto por donde transitan las patrullas de ICE.
Sentada en el puesto del copiloto mientras su esposo conduce, MarĆa siente que su corazón se acelera. En un intento por apaciguar la angustia, instaló una aplicación en los telĆ©fonos de su esposo y sus hijas para monitorear dónde estĆ”n en todo momento.
"Cada vez que la aplicación suena y dice que alguien llegó a la casa, yo respiro. Desde que tengo esta ansiedad, aguanto la respiración. Es como si me faltara el aire, como si estuviera bajo el agua".
La sensación se parece a lo que MarĆa experimentaba antes de emigrar de Venezuela.
"Siento que esto es como un secuestro. Me siento como en Caracas cuando estaban los secuestros exprĆ©s", dice en referencia a la Ć©poca en la que los delincuentes retenĆan a sus vĆctimas para vaciar el dinero de sus cuentas a travĆ©s de cajeros automĆ”ticos o robar pertenencias en sus casas.
Fue justamente un secuestro lo que empujó a MarĆa a quedarse en Estados Unidos.
La familia llegó a Miami en 2019, despuĆ©s de que unos hombres armados obligaran a su esposo, bioanalista en un laboratorio privado en Caracas, a prestarles servicio en medio de un apagón nacional que afectó durante dĆas a casi todos los estados de Venezuela.
"Entraron al laboratorio pidiendo que les hicieran unos exĆ”menes y mi esposo les dijo que la planta elĆ©ctrica era para la terapia intensiva y la emergencia de la clĆnica. Pero ellos sacaron las armas y lo amenazaron para que les hiciera los tests", recuerda MarĆa.
"Ćl tuvo que hacerles todos los exĆ”menes y procesarlos. Le dijeron que si no lo hacĆa, lo iban a matar".
En los dĆas siguientes, el esposo de MarĆa vio a aquellos hombres a bordo de motocicletas en semĆ”foros cercanos a la clĆnica donde trabajaba. Se movĆan a cara descubierta.
Aunque nunca pudo confirmarlo, la pareja sospechaba que eran "colectivos", como se conoce en Venezuela a los miembros de grupos paramilitares afines al chavismo.
"Vinimos de vacaciones a Estados Unidos para desconectarnos y descansar. Y cuando estĆ”bamos aquĆ, al hermano de mi esposo lo secuestraron. TambiĆ©n preguntaron por mi esposo, lo estaban buscando", cuenta sobre aquellos dĆas.
"ĀæSabes cómo es la cosa?", recuerda MarĆa haberle dicho a su marido⦠"No vamos a regresar a ningĆŗn lugar. No me voy y no me voy. Nos quedamos aquĆ y punto. Fue asĆ como pedimos asilo", dice al reconstruir la decisión de instalarse en Doral apenas llegaron.
Aquel vecindario limpio y tranquilo que tanto les habĆa gustado, habitado por numerosas familias venezolanas, tambiĆ©n albergaba una de las propiedades mĆ”s importantes de Trump en Florida: el Trump National Doral Golf Club, un hotel con un campo de golf donde se celebran torneos internacionales.
MarĆa transita casi todos los dĆas por esa zona para ir y volver de su trabajo.
Dos aƱos despuĆ©s, en 2021, MarĆa y su familia se sumaron a los 268.000 venezolanos que recibieron el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglĆ©s) durante el gobierno del expresidente Joe Biden.
Esta figura no solo reconocĆa que las condiciones en Venezuela impedĆan el regreso seguro de sus beneficiarios, como lo establece la Ley de Inmigración y Nacionalidad de Estados Unidos, sino que ademĆ”s les concedĆa tres beneficios: autorización de empleo, permiso de viaje y la garantĆa de que no serĆan deportados.
En 2023, con la renovación del TPS para los venezolanos, 350.000 personas mÔs se sumaron a este beneficio.
Pero en febrero de 2025, una vez que Trump asumió la presidencia por segunda vez, una de las primeras medidas de su gobierno en materia migratoria fue eliminar el TPS para los venezolanos, mientras otras 16 nacionalidades todavĆa gozaban de ese beneficio.
"Cuando pasó todo esto, yo dije: 'Guau, cómo este seƱor de un plumazo se voló esto", seƱala MarĆa. "Pero aĆŗn asĆ yo tenĆa mucha confianza en el sistema judicial".
La decisión de la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, seƱalaba que en Venezuela habĆa "mejoras notables en varias Ć”reas, como la economĆa, la salud pĆŗblica y la delincuencia", por lo cual los venezolanos podĆan regresar "de forma segura a su paĆs de origen".
Sin embargo, ocho meses antes la oposición venezolana habĆa presentado pruebas de un fraude electoral que deslegitimaba el triunfo del entonces presidente NicolĆ”s Maduro, en medio de una ola represiva que llevó a miles de detenciones y denuncias de violaciones de derechos humanos en todo el paĆs.
En marzo de 2025, la revocatoria del TPS para los venezolanos fue suspendida por el juez federal Edward Chen.
"Generalizar la criminalidad a toda la población venezolana acogida bajo el TPS carece de fundamento y huele a racismo basado en estereotipos falsos y generalizados", escribió.
Aunque su criterio fue respaldo por una corte federal de apelaciones en agosto, dos meses después la Corte Suprema de Esatdos Unidos autorizó al gobierno de Trump a poner fin a este programa de protección que beneficiaba a mÔs de 600.000 venezolanos.
Fuente de la imagen, AFP via Getty Images
Dos meses despuĆ©s de la decisión de Noem, en abril de 2025, el Consejo Municipal de Doral aprobó por unanimidad el acuerdo 287(g), un polĆ©mico instrumento que autoriza la colaboración entre la policĆa local y ICE para detener a migrantes.
Frente a la denuncia de comerciantes y empresarios venezolanos que atribuyen la caĆda de hasta 70% de sus ventas a la presencia de ICE en la ciudad, la alcaldesa de Doral, Christi Fraga, ha seƱalado que las autoridades locales no pueden intervenir en los operativos.