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¿Qué gana Colombia sembrando arroz?

October 15, 2026

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¿Qué gana Colombia sembrando arroz?
Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados. Las declaraciones del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, en una reunión con agricultores del Cesar y La Guajira, pidiéndoles que no siembren arroz sino marañón, son una buena oportunidad para preguntarnos y dar las respuestas necesarias: ¿qué gana Colombia sembrando arroz? Una pregunta que podría llevarnos a otra: ¿qué ganaría nuestro país si produjera los alimentos necesarios para alimentar a los colombianos? Vamos a dar respuesta a la primera pregunta, señalando que en las declaraciones del ministro está implícito un asunto de la mayor importancia: ¿cuál es la conveniencia de sustituir un cultivo alimentario fundamental, el arroz, por uno escasamente complementario y de reducido consumo, así pueda encarnar algún desarrollo agroindustrial? La importancia del arroz en Colombia puede entenderse mirando las siguientes cifras: el consumo promedio nacional es de 41,52 kilos por habitante al año. Lo siembran miles de productores en cerca de 210 municipios del país y, de acuerdo con una estimación basada en coeficientes históricos de empleo, las 325 mil hectáreas sembradas durante el primer semestre de 2026 estuvieron asociadas con cerca de 120 mil empleos directos e indirectos. El valor bruto estimado de la producción cosechada durante ese semestre fue de $1,18 billones. Desafortunadamente, no disponemos del valor de la transformación industrial correspondiente al primer semestre de 2026, pero sí tenemos cifras de 2024 que indican que las actividades agrícola e industrial del arroz aportaron conjuntamente $3,88 billones de valor agregado a la economía nacional. Es una referencia muy útil para comprender la importancia del arroz en la economía colombiana. Es de señalar que, en el primer semestre de 2026, comparado con el mismo período de 2025, se dejaron de sembrar 93 mil hectáreas, una reducción del 22,3%, con una disminución estimada de la actividad asociada a unos 34 mil empleos directos e indirectos y un valor aproximado de la producción no realizada cercano a $688 mil millones. Las cifras indican que se redujeron las siembras, pero no explican por qué. Los análisis revelan que los bajos precios de venta del producto, los elevados costos de producción, las importaciones derivadas de los acuerdos del TLC y la CAN, el contrabando, la pérdida de rentabilidad y las decisiones equivocadas del anterior gobierno de reducir y eliminar apoyos a la producción condujeron a la reducción de las siembras y a profundizar la crisis de los cultivadores de arroz. Los productores adelantaron movilizaciones buscando mejores condiciones para la venta del producto y mejorar sus ingresos, pero la industria molinera tomó decisiones, acompañada por el gobierno, de bajar los precios de compra, sometiendo a miles de arroceros a graves pérdidas. Muchos cifraron sus esperanzas en el cambio de gobernantes y el resultado es que todavía no hay una política clara de apoyo a quienes producen arroz: se hace un llamado a dejar de sembrarlo, mientras el mismo ministro anuncia medidas de respaldo en algunas regiones. Nos preguntamos, entonces: ¿cuál es la política del gobierno frente a la producción arrocera? Más allá de los anuncios, no se define una política agrícola clara a favor de los cultivadores nacionales frente a las importaciones y los acuerdos de libre comercio, TLC y CAN. Tampoco se observan acciones suficientes frente al contrabando y sigue ingresando arroz estadounidense libre de arancel dentro del contingente establecido por el TLC. En 2026, mediante el TLC con Estados Unidos, pueden importarse hasta 146 mil toneladas equivalentes de arroz blanco libres de arancel, a las que se agregan las compras legales desde la Comunidad Andina. Ecuador cuenta con un contingente cercano a 124 mil toneladas y Perú tiene ya liberado el comercio. Estas importaciones, junto con los inventarios y un contrabando que Fedearroz estimó en unas 262 mil toneladas de arroz blanco en 2025, presionan el mercado interno, cuyo consumo ronda los 2,2 millones de toneladas anuales. Pero la competencia tampoco se da en igualdad de condiciones. En una de sus últimas declaraciones, el ministro Dangond afirma que el Estado no puede seguir subsidiando a productores ineficientes. Mientras tanto, Estados Unidos sostiene a los suyos mediante distintos programas de apoyo a precios, ingresos, seguros y ayudas extraordinarias. Los pagos directos del gobierno federal a los productores agropecuarios alcanzaron alrededor de US$27.900 millones en 2025 y se proyectan en US$47.400 millones para 2026, sin incluir las indemnizaciones del seguro agrícola federal. En el caso específico del arroz, los apoyos extraordinarios del gobierno estadounidense pasaron de US$76,94 por acre en 2025, equivalentes a unos $618 mil por hectárea, a US$132,89 por acre en 2026, cerca de $1,07 millones por hectárea. Y estos pagos no incluyen otros mecanismos de apoyo, como el seguro agrícola federal. Gana empleo rural, ingresos para los productores, actividad comercial, transporte, secamiento, molinería, ahorro de divisas y, sobre todo, seguridad alimentaria. La producción y transformación nacional del arroz generaron en 2024 cerca de $3,88 billones de valor agregado y, aun así, el país destinó alrededor de $580 mil millones a importaciones. Si Colombia dejara de producir las cerca de 1,86 millones de toneladas de arroz blanco que hoy obtiene internamente, perdería buena parte de esa riqueza y tendría, además, que destinar cerca de $4,5 billones anuales a importarlas. Y si dependiera completamente del exterior para cubrir un consumo cercano a 2,2 millones de toneladas, la factura podría rondar los $5,3 billones. Son valores de referencia que varían con el precio internacional del arroz y, especialmente, con la tasa de cambio. Pero muestran que producir aquí no solo genera riqueza y empleo dentro del país: también permite ahorrar divisas y reducir la dependencia alimentaria del exterior. No se puede pedir a los arroceros que no siembren arroz. Lo que debe hacerse es garantizar rentabilidad a los productores, precios remunerativos, condiciones adecuadas de comercialización y financiación, y adoptar medidas que permitan reducir la dependencia de las importaciones y producir nacionalmente todo el arroz que podamos producir. Colombia gana manteniendo y fortaleciendo la producción nacional de arroz y preservando su seguridad alimentaria, reduciendo su dependencia del exterior. Eso deberíamos hacerlo, además, con todos los cultivos indispensables para la dieta básica de los colombianos. Los textos que aquí se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento ni la posición de Amazon Conservation Team (ACT)
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